El miedo masculino a la masturbación femenina en la Sex Magic: no es moral, es insuficiencia
Deseo, poder y soberanía del cuerpo femenino en la magia sexual
Durante décadas, la magia sexual occidental ha girado alrededor de una obsesión masculina: la contención del esperma. Se ha ritualizado, sacralizado y elevado a signo de dominio espiritual. El varón que no derrama es presentado como iniciado; el que controla su impulso, como avanzado. Mientras tanto, otra realidad quedó cuidadosamente fuera del marco: el deseo femenino no encajaba en ese sistema.
No por exceso. Por desfase.
La masturbación femenina incomoda —a varones espirituales, mágicos e intelectuales por igual— no porque sea obscena, sino porque expone un límite. No es la práctica lo que perturba, sino lo que revela: que el deseo femenino no nace de la carencia, no se agota en la respuesta del otro y no necesita ser despertado. Ya está ahí. Sostenido. Autónomo.
Los grandes discursos mágicos se construyeron desde un cuerpo masculino que pierde al descargar. De ahí la retención como dogma. Pero el cuerpo femenino no opera bajo ese régimen. El orgasmo femenino no implica pérdida de sustancia, ni cierre del ciclo, ni agotamiento energético obligatorio. Exigir a la mujer que “retenga” como el varón es una importación errónea, nacida de la incapacidad de pensar una fisiología distinta sin traducirla a categorías masculinas.
Aquí emerge el núcleo del temor: no llegar.
Las investigaciones de Shere Hite lo evidenciaron con una claridad insoportable para el orden simbólico vigente. The Hite Report no escandalizó por hablar de masturbación femenina, sino por mostrar que el placer de las mujeres no se organiza alrededor del pene, ni depende de él para existir o intensificarse. El rechazo fue feroz porque el dato desplazaba la centralidad masculina. No era ignorancia lo que molestaba: era desposesión.
Antes, Alfred Kinsey ya había documentado una realidad que la cultura se apresuró a neutralizar: la mujer no es pasiva en términos de deseo, ni cuantitativa ni cualitativamente. Pero mientras Kinsey fue asimilado como curiosidad científica, Hite resultó intolerable porque su trabajo señalaba una consecuencia política y mágica: la autonomía sexual femenina no es compatible con un modelo donde el varón es la medida.
En el terreno mágico, esta tensión se resolvió mediante silencios. Se invocaron “polaridades”, “complementariedades”, “uniones sagradas”. Se evitó nombrar lo esencial: una mujer que gobierna su propio deseo no necesita que otro lo valide ni lo complete. La masturbación femenina, entendida mágicamente, no es una práctica de placer sino de soberanía. No persigue descarga; entrena ritmo. No busca culminación; construye capacidad de sostener intensidad.
Ese es el punto ciego. Porque obliga al varón a mirarse sin disfraces espirituales. A reconocer que, uno a uno, no llegan a satisfacer un apetito que no les pertenece. No por torpeza técnica, sino porque el deseo femenino no está diseñado para ser colmado, sino para circular, crecer y reorganizarse desde dentro.
Por eso esta práctica fue trivializada, medicalizada o invisibilizada. No amenaza la moral; amenaza la jerarquía. Una mujer que se masturba sin culpa ni urgencia no ensaya placer: entrena autonomía. Y un cuerpo autónomo no se domestica, ni siquiera bajo los lenguajes más sofisticados de la espiritualidad.
Este texto no se escribe contra los hombres. Se escribe sin ellos en el centro. Y esa es, precisamente, la herida que no cierra.
Bibliografía recomendada
The Hite Report — Shere Hite
Sexual Behavior in the Human Female — Alfred C. Kinsey et al.
The Second Sex — Simone de Beauvoir
Eros and Civilization — Herbert Marcuse
El contenido aquí expuesto constituye una obra original de investigación y formulación teórica, protegida por las leyes vigentes de propiedad intelectual y el estatuto ritual de la Escuela.