Una práctica que no da placer, pero funciona

Ilustración ritualista de una práctica incómoda pero efectiva, con figura femenina y vara simbólica
Práctica incómoda pero eficaz – imagen ritualista Arcane Domus


Ciertas prácticas se sostienen en la sequedad.

No dependen de estímulo, entusiasmo ni recompensa. Mantienen un eje cuando todo lo demás fluctúa, y operan precisamente en ese territorio donde el gesto deja de apoyarse en la expectativa.

Estas prácticas no buscan intensificar la percepción ni producir estados reconocibles. Su campo de acción es más discreto: afinan la atención hasta volverla estable incluso en la incomodidad. No trabajan desde el deseo de cambio, sino desde la capacidad de permanecer cuando no hay impulso que empuje ni relato que sostenga.

Se ejecutan mediante gestos mínimos y constantes. No se amplifican ni se adornan. Se repiten sin variación hasta que dejan de requerir esfuerzo consciente y se integran como forma interna. Cuando eso ocurre, el efecto no se celebra ni se anuncia. Se constata en la estabilidad que aparece donde antes había oscilación.

Estas prácticas no transforman por acumulación, sino por depuración. Reducen el ruido que acompaña a la expectativa y estrechan el campo de acción hasta hacerlo preciso. En ese estrechamiento surge una claridad sobria, funcional, ajena a cualquier dramatismo. Una claridad que permite atravesar situaciones sin perder eje.

Quien las sostiene aprende a distinguir entre agrado y eficacia. Comprende que no todo lo que resulta placentero opera, y que no todo lo que opera resulta agradable. Esa distinción marca un umbral: de un lado queda la búsqueda de experiencia; del otro, la construcción silenciosa de consistencia.

El efecto de estas prácticas no se manifiesta como logro visible. Se percibe en la manera de atravesar lo que antes desbordaba, en la capacidad de sostener decisiones sin tensión innecesaria, en una sobriedad que no necesita explicación. Funcionan porque no dependen de estados internos favorables ni de condiciones externas específicas.

Por eso no suelen atraer atención. No ofrecen relato ni identidad. Su valor se revela con el tiempo, cuando la estructura que han generado comienza a responder por sí sola. Entonces se vuelve evidente que algunas prácticas no están hechas para agradar, sino para mantener abierto el paso cuando el camino se estrecha.



Corvus Noctis
En la penumbra, donde otros tropiezan, yo escucho el batir de las alas.








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