Tostadas de queso con ruda (por Eulalia Morán Valverde)

Tostadas rústicas de pan seco con queso curado duro de oveja y una mínima presencia de ruda sobre mesa oscura, cocina ritual tradicional.


Esto no es para quedarse, es para limpiar.
Cuando una anda cargada por dentro, con el cuerpo pesado de cosas que no son suyas, la ruda ayuda a barrer. No consuela. Despeja.

Esto ya se hacía en tiempos antiguos. En el mundo romano, el pan tostado con queso era comida común, y la ruda se usaba como hierba digestiva y de limpieza, siempre en poca cantidad. No era planta de diario ni de gusto, sino de uso puntual cuando el cuerpo lo pedía. Yo mantengo ese criterio.

Aquí conviene saber una cosa.
La ruda tiene macho y hembra. La hembra es más suave; el macho es más fuerte y más seco. Para comer, siempre la hembra, y aun así poca. La ruda macho se guarda para otros usos y no se mete alegremente en el cuerpo.

Tuesto el pan bien seco. Aceite, poco. Queso curado, del fuerte.
La ruda va muy poca, picada fina, solo para que haga su trabajo. Se pone con el pan aún caliente y se come templado.

La ruda limpia el vientre y corta lo que sobra. Pero no es hierba para jugar.
Las mujeres preñadas no deben tomar ruda, ni macho ni hembra, ni en comida ni en infusión. Y nadie debería tomarla a diario. Aquí manda la medida y el momento.

Antes del primer bocado, yo digo bajito:

“Lo que no es mío, fuera.”


Se come sin hablar mucho. Y ya.


Eulalia Morán Valverde
La Vieja Maza de los Bosques







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